martes, 26 de diciembre de 2017

Vértigo I.

Descubrí los secretos de tu ausencia cuando pronuncié tu nombre en voz alta y me empezó a faltar el aire. Creía que me ahogaba. Tenía un nudo de recuerdos en la garganta y una bola de promesas por cumplir en el pecho que no dejaban de gritar.

Poco ayudó el tiempo: a medida que pasaban las semanas las ganas no cicatrizaban.

Las sonrisas como puños, los besos como cuchillas en la espalda y las palabras intercambiadas de madrugada no hacían otra cosa que espantar al olvido. 
Sabía que estaba perdida el día que te colaste en mis sueños y desperté con un miedo terrible por no volver a verte.

No había salida: estaba atrapada en el laberinto infinito del “quiero y no puedo”, de los equilibrios imposibles y de las vidas cruzadas mal empastadas.

Te echaba de menos.

Y no había forma de resolverlo.