domingo, 25 de marzo de 2018

Tiempo

El otro día vi un desmayo en el metro,
y aunque lo diagnosticaron de infarto,
yo diría que la culpa es del tiempo,
- esa enfermedad del trueque
de las horas por los billetes-.

Ahora estoy sentada en el vagón,
mirando a los presos de las pantallas,
un valiente leyendo un libro
y 9 de cada 10 caras cansadas.
Mientras yo pensaba,

lo que molaría saber como congelar Madrid,
por un ratito al menos,
para robarle la prisa a febrero,
las corbatas a los del maletín
y las agujas a los relojes.

Puede que en otro país,
más lento y menos ciego,
el tiempo ya no se llame tiempo,
que lo hayan apodado vida
y que sea obligatorio aprender
lo que dura una buena risa.

Al "no tengo tiempo" de aquí,
en África te contestarían con un
-"pole, pole" ("calma, calma").
Algunos los tachan de subdesarrollados,
pero yo creo que son putos amos.

Porque querida vida,
a veces pienso,
que aquí en Madrid,
hace frío y tiempo,
que no nos vemos.